Lunes, 04 Septiembre 2017 16:34

Trascendiendo a través de Nuestros Valores

“Cuentan que un rey que buscaba pareja para su hijo. Organizó un concurso entre las solteras del reino, a quienes entregó una semilla que debían plantar en una maceta.  Aquella dama que al cabo de tres meses llevara la planta mejor cuidada sería la futura princesa.

Cuando se cumplió el tiempo, las damas regresaron con sus plantas, todas se veían hermosas.  Nadie sabía cómo el rey iba a decidir, pues todas las plantas se veían muy bellas.

Entre todas había una dama que tenía su maceta vacía y fue objeto de burla de todas las demás. ¿Cómo se atreve a entrar al palacio con ese adefesio?, decían.

Cuando el rey salió, observó a todas las damas y se acercó a quien tenía la maceta vacía, le dijo: Tú serás la próxima princesa. Este no era un concurso de belleza, era un concurso de honestidad.  A todas les entregué una semilla estéril, ninguna planta debió crecer y tú fuiste la única que tuvo el coraje de mostrar la verdad”.

Muchas veces nos vemos enfrentados a situaciones que desafían nuestros valores y creencias, c

omo les pasó a la mayoría de las damas de la leyenda. Al verse conflictuadas porque sus semillas no habían brotado, decidieron plantar una nueva semilla, esperando el agrado del rey y ser la “elegida” para convertirse en la princesa del reino. En cambio, la única dama consecuente con sus valores, se presentó ante el rey con la maceta vacía. Al ver las hermosas plantas de las demás y compararla con la suya debe haberse sentido conflictuada, triste y decepcionada.  Sin embargo, cuando el rey la elige como princesa del reino gracias a su honestidad, experimenta un sentimiento de agrado y felicidad que contrastó con las demás, que no habían sido honestas. Estas damas cambiaron su sensación de felicidad por una gran decepción y vergüenza por intentar engañar al rey.

En nuestra sociedad existen muchas conductas que realiza la mayoría y que no son correctas, sin embargo, no las cuestionamos si lo son o no. Según Albert Bandura, está inmovilidad valórica, se produce porque “tenemos nuestra moralidad dormida o desconectada”.

Las noticias de nuestro país, en reiteradas ocasiones nos han mostrado casos de corrupción, dónde diversas personas con el fin de lograr beneficios personales, no han dudado en actuar contra sus propios valores. La política, es un fiel reflejo de esta situación en la que nuestros legisladores terminan sucumbiendo a la tentación que les ofrece el poder.

Nosotros trascendemos a través de nuestros valores. Los valores delimitan los límites de nuestro camino, nos señalan lo correcto y lo incorrecto.  Sin embargo, muchas veces nos salimos o desviamos del camino, nos convertimos en ciegos y actuamos en contra de nuestras convicciones.

Cuando actuamos según nuestros valores, tenemos paz de conciencia, experimentamos la felicidad, nos sentimos coherentes con nuestra fe y nuestros principios. En cambio, cuando hacemos algo que va en contra de lo que creemos, quizás logremos algún beneficio emocional positivo en el corto plazo, pero luego nuestra conciencia nos quitará la paz interior y la angustia se apoderará de nuestro ser.

Nosotros no somos perfectos y es probable que, en más de una ocasión, hayamos actuado contra nuestros propios valores. Lo más importante es ser consecuentes con nuestras creencias. Vivir en base a nuestras convicciones puede nos cause algunas dificultades en el corto plazo y nos haga perder algunas oportunidades. Sin embargo, en el largo plazo sentiremos los beneficios no sólo en los resultados, sino que también en nuestra paz interior que nos permitirá desenvolvernos dignamente en nuestra vida y nos ayudará a ser felices.